Desarma el sistema


Hace 20 años el Documento del Movimiento Humanista planteó los temas fundamentales de la época que nos ha tocado vivir: “El Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la cuestión de la democracia real fre te a la democracia formal; la cuestión de la descentralización, frente a la centralización; la cuestión de la antidiscriminación, frente a la discriminación; la cuestión de la libertad frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida, frente a la resignación, la complicidad y el absurdo”

Hoy las grandes mayorías han despertado y han dejado de creer en las falsas promesas de un sistema que
ya no tiene futuro y se precipita a su colapso sin posibilidad de reforma. Un nuevo mundo ya está presente y
actuando en la conciencia y el corazón de millones de personas en todo el mundo. Una nueva sensibilidad para la cual la persona mas insignificante es más importante que cualquier desalmado situado en la cúspide de la prámide social, y que advierte que los poblemas que se sufren en cualquier arte del mundo terminan afectándole, y que aunque actúa principalmente en su medio inmediato, donde tiene posibilidad, piensa de modo global. Una nueva cultura, basada en la reciprocidad, la solidaridad y en el rechazo a toda forma de violencia se abre paso entre los escombros de un tejido social roto por el viejo individualismo, la intolerancia, el consumismo y la discriminación. No serán los poderes fácticos, de las grandes
corporaciones, de los mercados, ni los políticos a su servicio, los que pueden construir este nuevo
mundo, sino que serán los pueblos los que lo harán posible al hacerse cargo de su propio destino. Esta crisis no es la del ser humano, sino la de un viejo sistema que se cae y que no debe atraparnos en su caída.

Es hora de preguntarnos si queremos vivir y en que condiciones queremos vivir, de crecer haciendo crecer a
quienes nos rodean, de resistir y desactivar todas las formas de violencia que actúan dentro y fuera de  nosotros, de rechazar para siempre las guerras, de exigir el desmantelamiento de los arsenales nucleares
y convencionales, de desobedecer y hacer el vacío a los violentos y a los que nos oprimen.

Es el momento de hacernos cargo con resolución y de abandonar los viejos esquemas para lanzarnos a construir dentro y fuera de nosotros ese futuro que queremos y al que aspiramos. Un futuro que continúa el esfuerzo de generaciones y generaciones de seres humanos que se rebelaron contra el dolor y el sufrimiento.

El peligro nuclear y el atentado medioambiental: las amenazas del momento

Los humanistas celebramos que la metodología de la no violencia se ha ido instalando en la conciencia de los pueblos, como se demuestra en las multitudinarias protestas pacíficas que se extienden por el mundo.
Pero advertimos que mientras esta conciencia no violenta se desarrolla y fortalece, en el escenario internacional se fragua de nuevo la amenaza del armamentismo y la guerra. Las señales son claras.
El proyecto de los Estados Unidos de instalar un sistema territorial de defensa contra misiles en la Unión
Europea convierte a Europa de nuevo en escenario potencial para la confrontación de bloques.

El gobierno de España ha reforzado esta política irresponsable al decidir la instalación del Escudo Antimisiles en la base de Rota. Como consecuencia de ello han convertido el territorio
español en objetivo militar de otras potencias nucleares.  Por otro lado, aumenta el número de
intervenciones militares de la OTAN y de sus ejércitos. Estas guerras, justificadas por la mentira de las
guerras preventivas y por la supuesta restauración de los derechos humanos, esconden una feroz lucha
por los recursos energéticos y los intereses del complejo militar industrial, insensibles a la catástrofe
humana y a la devastación del medio ambiente.

Sin embargo,existen recursos económicos y tecnológicos suficientes para cubrir las necesidades básicas de
toda la población en el planeta. Con el gasto militar se resolverían de sobra. ¿Cómo justificar que mientras recortan los gastos imprescindibles en educación y salud, el gasto militar aumenta? ¿Cómo es que países agobiados por la deuda tienen que asumir la carga de nuevas adquisiciones de armamento impuestas por los propios países acreedores? ¿Qué clase de democracia es ésta, que sin consultar al pueblo envía tropas a países que son bombardeados, ocupados o intervenidos, y acepta una base de misiles nucleares en su territorio? ¿Cómo pueden afirmar que las guerras protegen a las poblaciones cuando se retransmite por la televisión el asesinato y el genocidio? La nueva carrera armamentística demuestra que los poderosos no están dispuestos a escuchar a las poblaciones. Ellos preparan la guerra, desoyendo el clamor de los pueblos que quieren la paz. Y si las mentiras alimentadas y propagadas por sus medios de comunicación no son
suficientes, utilizarán otras formas de violencia.

Los humanistas priorizamos en esta campaña electoral la denuncia y la sensibilización de toda la población respecto a estos temas fundamentales que pretenden silenciar.  Estamos en una encrucijada. Pedimos
a toda la población que nos ayude a fortalecer una conciencia no violenta que destierre para siempre el peligro de las armas nucleares. Es urgente movilizarse y presionar, a todos y todas nos incumbe dar una respuesta.

Hacia una Nación Humana Universal

En un mundo donde el valor central es el dinero no es extraño que encontremos las situaciones conocidas
de discriminación, desempleo, pobreza, desigualdad, desastre ecológico y violencia en todas sus formas.
Pero no porque la crisis económica afecte a mucha gente, habrá automáticamente mayorías convencidas de cambiar el sistema. El individualismo ha calado hondo, y por eso no es tan sencillo pasar a otras instancias organizativas que realmente puedan reemplazar al sistema. La propuesta de una transformación en el sistema económico no puede plantearse solamente en términos de factibilidad técnica, ni en términos de conveniencias mayoritarias. Debe ser planteada desde una mística social que tenga como bandera la ética de la coherencia, que en lo económico anteponga la resolución de las necesidades básicas de todos los habitantes del mundo antes de cualquier otro interés sectorial o individual.

Estas propuestas son sólo algunos ejemplos de lo que podemos hacer en esa dirección:

Desarme nuclear total. No a las guerras. Salida de España del proyecto del Escudo Antimisiles. Retirada del ejército español de todos los territorios ocupados por potencias invasoras. Promoción a nivel internacional del desmantelamiento de todos los arsenales nucleares sin excepción. Desarme progresivo y proporcional del armamento convencional. Firma de tratados de no agresión con otros países. Inclusión en la Constitución de la renuncia a la guerra para resolver conflictos.

La salud, la educación y la protección del medio ambiente son prioritarias. La Constitución establecerá la obligación del Estado de garantizar para toda la población la cobertura de las necesidades básicas, con políticas tributarias acordes a tal prioridad. A partir de la cobertura de tales necesidades, se destinará un porcentaje del presupuesto para la ayuda a naciones más desfavorecidas.

De una economía especulativa a una  productiva.  La enorme dependencia y subordinación al capital
financiero se desactivará con la creación de una banca pública sin interés capaz de transformar la dinámica de los mercados. Se regulará un conjunto de normas que impidan la especulación, la usura y los paraísos fiscales. Se promoverá un tipo de economía mixta con iniciativa privada e intervención pública. Los trabajadores tendrán capacidad de decisión dentro de las empresas en todas las cuestiones importantes, asegurando la reinversión en el circuito productivo de los beneficios empresariales.

Ningún ser humano es ilegal. En la situación actual, el capital se mueve con libertad mientras se restringe cada vez más la capacidad de movimiento de las personas. Estableceremos la libertad de circulación e igualdad de derechos en nuestro país para todos los habitantes del Planeta, junto con la libertad e igualdad de derechos para todas las culturas y religiones.

Democracia Real. Desenmascarada la farsa de la democracia formal, es necesario devolver el poder a la base social hasta llegar al nivel municipal. Esto sólo se conseguirá mediante una democracia directa,  apoyada por los medios tecnológicos necesarios, y mediante el uso de consultas vinculantes, iniciativas legislativas populares, elección directa en los tres poderes del Estado, descentralización, representación de minorías, revocación de mandatos, responsabilidad política y presupuestos participativos en todos los niveles del Estado. Se utilizarán los medios de comunicación para la capacitación y el debate sobre los temas a decidir, garantizando la pluralidad de opiniones en igualdad de condiciones.